Qué delicadeza

Ayer, absorto en nuestra relación me puse a pensar en cómo te beso para refugiarme de algo. Cómo te pido besos cada vez que creo que me está persiguiendo algo, y cómo me autoconvenzo de que tus labios son la solución. Me puse a pensar en lo que podría perseguirme cada vez que tenía esa sensación y solo se me ocurrió una cosa: el miedo a perderte, a no hacerte feliz. Entiendo ahora porqué me siento invencible cada vez que sonríes. Y es que tus hoyuelos me corroboran que lo tengo todo y que nada, puede conmigo. Entiendo también tu perspicacia de hacerme creer que el imposible existe. Y que ese eres tú. Que a pesar de ser un sueño, también eres real y que todo el universo se reduce a un montón de polvo insignificante. Que detienes el tiempo y que no estamos siendo conscientes de que llegamos tarde a ninguna parte.

Cuando siento que estoy perdido
en el laberinto de mis miedos
trato de buscar tu boca,
como si tus besos fueran la salida.

¿Sabes por qué te amo sin querer? Porque aprendí a diferenciar el corazón de la razón. Y es que uno quiere con la cabeza, pero ama con el corazón. Por eso te amo sin querer.

Enamorado, claro
de ti.

Por cierto, no sabes lo mucho que me gusta besarte la frente como si lo hiciera
por primera vez.

Qué delicadeza.

Hasta me sorprendo de mi mismo.

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