Tu príncipe turquesa

Hoy veo en retrospectiva y me doy cuenta de lo mucho que me has cambiado desde que llegaste. Y es que me bastaron tan solo unos días para hacerme saber que algunas personas llegan a tu vida para suprimirte la tristeza y arrancarte esas sonrisas que a duras penas relucían tras una cortina hecha de heridas. Eres tú cariño, eres tú quien me hace querer no morir y hacerme sentir joven porque consigues detener el tiempo. Pero a la vez, no voy a negarte que me haces querer envejecer a tu lado. Veo que las horas se me pasan como agua en mano cuando estoy a tu lado sin ser consciente de que el tiempo existe, porque ese concepto no entra en mi vocabulario cuando estoy contigo. Antes de ti era una ilusión en forma de nube que deambulaba por la vida tratando de no llover entre diluvios, pero que un día, sin más pensar, apareciste tú; y no haces más que hacerme bailar a cada paso que doy. Siento como si en cada tormenta en la que entro, allí estuvieras tú, que eres Sol, atravesando mi piel para llegar a colar tus rayos por mis grietas. Cristian, me quisiste roto sin saberlo ninguno de los dos y por esto te quiero yo con todos mis pedazos. Desnudaste tus cicatrices y yo, que hasta ahora le he temido al amor, las besé y las hice mías. Mías y de nadie más.  Te susurro al oído que no hay mayor miedo que los principios, pero no temas, no temas a ser feliz, no temas a hacerme feliz. Si supieras lo importante que son los besos que me das cuando nadie mira y todo calla… Que dos pueden atraerse como el metal y el imán, pero luego estamos nosotros, porque no importan las fuerzas que traten de separarnos ya que el universo nos unió para hacer de nosotros una esencia inmortal   y eterna en alguno de sus rincones. Quiéreme, Cristian. Quiéreme y no me sueltes jamás. No dejes que pase frío ni que el invierno me pase factura. Agarra mi mano y haz de ella un universo aparte y distante donde podamos ser felices tú y yo. No te voy a negar que tengo miedo de que me sueltes, pero sé que sabes que puedo llegar a quemar tanto, así como para encender una llama en el corazón más frío. Sabes que llegaste a mi vida para salvarme del naufragio y que mi mejor caída has sido tú. Te prometo que tu corazón roto en mil pedazos antes, coseré al igual que tus alas. Arreglaré tus días, tu vida y tus noches.

Tu príncipe turquesa.

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