¿Qué eras?

A pesar de habértelo dado todo
parece ser que aún puedo ofrecerte,
aunque sea mirarte y sin hablar decir
que conmigo puedes ser feliz.
En cada insomnio me visitas,
y tu perfume huelo hasta en mi piel,
no vives si no es en mis sueños,
además todas las bocas saben a ti.
Debo adivinar qué veías en mí
para que te adueñaras así de mi alma
y en mi memoria te quedaras,
donde yo jamás te pudiera olvidar.
Y es que tu capricho y mi debilidad
son las razones por las que sigo aquí,
que aquí hay de todo menos lógica:
porque hasta que no te toqué,
pensé que mis manos estaban vacías.
Cómo has hecho esto de dañarme
y no poder curar las heridas
ni con las cosas que yo quería escuchar:
porque jamás me las llegaste a demostrar.
Qué eras, si no un precipicio sin final.
Si no un salto sin paracaídas, qué eras.
Eras la incertidumbre de un ojalá
que casi era un abismo.
Eras todo menos lo que yo quería.
Sé que solo por eso te quise.

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